Política y cultura (Tim Keller)

Recientemente hemos tenido jornadas electorales en los Estados Unidos. Parece que cada año aumenta la atención de los medios de comunicación hacia los mecanismos y el resultado de los intereses partidistas. Treinta años atrás, no se le prestaba toda esta atención a la política. Muchos señalan, acertadamente, que el ciclo de 24 horas [ininterrumpidas] de noticias e internet crean un apetito constante] por el análisis político. Pero yo creo que hay algo más en todo ello. Pero yo creo que hay algo más en todo ello. No es solo que a la política se le dé más espacio, sino que ahora se percibe como algo mucho más importante para la vida de las personas. La fragmentación política de los medios de comunicación, que van desde el que es muy progresista al que es muy conservador, solo parece tener una cosa en común; es decir, que lo único que al final importa es qué partido acaba ganando el mayor número de escaños.

R.R. Reno recientemente escribió un post en la página web First Things: On the Square que llevaba por título. "Culture Matters more than Politics". Su argumento es que, según la teoría marxista, la economía y el poder político son fundamentales, mientras que la cultura es un “epifenomeno.“ Es decir, que la literatura, la poesía, la música y las artes son simplemente la parafernalia sobre la que se apoyan los intereses del poder. Por lo tanto, la política –que es la que controla el poder de estado- es el factor más determinante para la vida humana. Por el contrario, afirma Reno, los recursos que hacemos servir para la vida pública son lo que en el fondo creemos acerca de la naturaleza humana, el destino de la humanidad y el sentido de la vida. Estas creencias pasan a formar parte de nuestras vidas a través de la religión y la filosofía, la cultura popular y la alta cultura, por toda una variada gama de instituciones humanas que, en la gran mayoría de casos, no forman parte del gobierno. Estas creencias compartidas moldean la visión de un pueblo sobre lo que constituye una buena comunidad y una buena vida, y la política normalmente es lo que sigue a continuación en esa evaluación.

James D. Hunter ha estado haciendo la misma observación durante años, aunque él invoca a Nietzsche, en lugar de a Marx. En La genealogía de la moral, Nietzsche argumenta que el reclamo de la moral cristiana – sobre la primacía del amor, la generosidad y el altruismo – en realidad sólo era la manera que tenían los primeros cristianos de hacerse con el poder de quienes por aquél entonces lo ostentaban. La moralidad cristiana se desarrolló a partir del "resentimiento" de los débiles hacia los fuertes y como un intento de arrebatarles su posición. Esta manera de ver las cosas también llevará a la conclusión de que la política es realmente lo más importante en esta vida.

El argumento de Hunter es que el resentimiento – "la narrativa del agravio" – ha llegado a ser lo que define el discurso político en los Estados Unidos. Tanto conservadores como liberales hacen de su sentido de agravio algo central a su propia identidad y, por lo tanto, en cada ciclo electoral el grupo que está fuera del poder es el que se siente más agraviado y ofendido y puede [por tanto] obtener los suficientes votos para ganar las elecciones. La política ya no es algo acerca de determinados temas, sino sobre poder, agravio y [por consiguiente] enfado. ¡Al más puro estilo de Nietzsche! Hunter va tan lejos que se atreve a afirmar que la Derecha Cristiana, la Izquierda Cristiana e incluso los neo-anabautistas (piensa en Dobson, Wallis, Hauerwas) son “funcionalmente Nietzscheanos" en el espacio público, ya sea porque ven la política como algo demasiado importante, o (como en el caso de los neo-anabautistas) creen que ejercer poder político es inherentemente no-cristiano. En cada caso, dice Hunter, los cristianos están siendo demasiado moldeados por la visión de Nietzsche de que la política y el poder es fundamental.

No deberíamos concluir que, realmente, la política no es importante para la cultura. Hunter argumenta que la cultura se forma y es transmitida principalmente más a través de las instituciones que por medio de los individuos, y llama a los cristianos a que mantengan “una presencia fiel” dentro de las instituciones de nuestra sociedad, aconsejándoles [a los cristianos] a que no sean ni demasiado triunfalistas ni que tampoco se retiren [del espacio público]. 

Reno y Hunter nos advierten de que la cultura es mucho más importante que la política, y yo estoy de acuerdo con ellos. Debemos rechazar el creciente sentir de que la política de poder es lo que realmente importa. Aún así, los cristianos no deben ser demasiado impulsivos en su reacción. El gobierno es una de las instituciones clave, entre otras, que refleja y moldea la ideología o valores latentes que están en lo más profundo y constituyen el recurso básico de nuestra vida pública. Hace muy poco escribí la introducción a un libro, The City of Man: Religion and Politics in a New Era escrito por Michael Gerson y Pete Wehner. Los autores le pedían a los lectores cristianos que no infra-valorasen el papel que la política juega en la creación de cultura, aún cuando a su vez saben reconocer el peligro de valorarla demasiado. Es una petición importante. James Hunter argumenta de una forma realmente interesante que aquellos cristianos que aconsejan retirarse de la política bien podrían tener una visión tan nihilista del poder como la que tuvo Nietzsche. 

Los cristianos deberían estar tan implicados en la política y en el gobierno como lo están en otras áreas de la vida.