Contentamiento (Tim Keller)

Es sorprendente ver cómo David, el rey guerrero de Israel, escribe estas palabras del Salmo 131.


Señor, mi corazón no es orgulloso, ni son altivos mis ojos; no busco grandezas desmedidas, ni proezas que excedan a mis fuerzas. Todo lo contrario: he calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Mi alma es como un niño recién amamantado!

La metáfora que aquí se utiliza para la madurez espiritual es "niño recién amamantado." Por una parte, somos como un niño en el regazo de su madre, una imagen de total indefensión. Dependemos en todo de Dios. No podemos hacer nada sin él. Por otra parte, somos como un niño recién amamantado (lactante), una imagen de contentamiento. Los lactantes lloran en los brazos de sus madres, hasta que consiguen lo que quieren de ellas -- la leche. Sólo entonces se calman. Un lactante solo está satisfecho ante la presencia de su madre.

Aquí vemos un cuadro vívido y compacto de lo que Job tuvo que aprender a través de sus pruebas. Debemos amar a Dios sólo por él mismo, no por lo que pueda darnos. Esta la esencia de lo que para Jonathan Edwards, distinguía "la gracia verdadera" de "la experiencia de los demonios", quienes afirman la sana doctrina y aún así tiemblan ante Dios (Santiago 2:19). La gracia auténtica en el corazón nos lleva a ver "la belleza y el encanto de las cosas divinas, tal y como son en sí mismas" (tomado del sermón que lleva el mismo título en el volumen 25 de la edición de Yale de los trabajos de Edgard). Encontramos satisfacción en Dios mismo. Incluso su trascendente santidad es disfrutada como algo hermoso y magnífico, que llena el corazón para la contemplación, ¡aunque de hecho no saquemos nada de ello!

Si la gracia realmente ha cambiado nuestros corazones, en último término no nos importará demasiado si la vida no nos va como querríamos, en tanto que le tengamos a él. Los elogios, la riqueza y el poder [de este mundo] no son nada en comparación con la celebración, la riqueza y el poder eterno que tenemos en él. Un "lactante" no es solo quien sabe todo esto en principio, sino quien ha puesto por obra las verdades del evangelio en su vida y en su alma como palpables realidades espirituales. Interiormente, esto da paz de espíritu y [produce] profundo contentamiento y compostura. Externamente, significa humildad, la voluntad de aprender de otros y también de confiar en Dios. El creyente se da cuenta de que la razón por la que a menudo las acciones de Dios son opacas no es porque nosotros seamos más sabios que él, sino porque él es demasiado "grande" y "maravilloso" para nosotros.

Un cristiano jamás debería tener la actitud de preguntarle a Dios, "¿Qué es lo que has hecho por mí últimamente?" Spurgeon dijo acerca del Salmo 131 que era "uno de los salmos más cortos, pero uno de los que se tarda más en aprender."

Original (en inglés) aqui

 

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