Retazos de pensamiento sobre la oración diaria (Tim Keller)

Hay tres tipos de oración para las que trato de encontrar algún tiempo cada día -meditación (o contemplación), petición y arrepentimiento. Cada mañana me concentro en las dos primeras y la última es la que hago cada noche.

En realidad la meditación es un término medio o combinación entre la lectura bíblica y la oración. Me gusta emplear el método contemplativo de Lutero que él mismo delinea en su famosa carta sobre la oración a su barbero. Básicamente, el método consiste en - tomar una verdad espiritual y plantear tres preguntas. ¿Qué me enseña [este pasaje] acerca de Dios que debería llevarme a adorarle? ¿Qué cosas pone de manifiesto acerca de mí mismo que debiera confesar? ¿Qué necesidades muestra por las que deba rogar a Dios? Adoración, confesión y súplica. Lutero propone que ésta es la manera de meditar hasta sentir un calor en nuestros corazones y que estos se derritan al sentir la presencia real de Dios. Esto no suele pasar a menudo, pero no pasa nada. En ultimo término, no oramos para conseguir buenas sensaciones o respuestas, sino para honrar a Dios por quien es él en sí mismo.   

Hay dos tipos de lectura bíblica que trato de practicar. Cada mes leo los Salmos usando el Book of Common Prayer's daily office. También uso el calendario de lectura de Robert Murray M'Cheyne. Sigo la versión más relajada, que consiste en dos capítulos al día y que te lleva a través del Antiguo Testamento cada dos años y el Nuevo Testamento cada año. Por las mañanas hago el calendario de M'Cheyne y algunos Salmos, y por las noches leo más Salmos. Para concluir mis devocionales cada mañana, escojo una o dos cosas de los Salmos y  de M'Cheyne para meditar en ellas.

Además de las oraciones matutinas (M'Cheyne, Salmos, meditación y petición) y de la oración vespertina (Salmos y arrepentimiento) intento tomar, lo más a menudo posible, cinco minutos al mediodía para hacer un repaso espiritual, ya sea recordando las ideas más radioactivas espiritualmente [hablando] desde mi tiempo devocional, o bien echando un vistazo rápido a mis pecados e ídolos más recurrentes. Lo hago para ver lo lejos que he podido llegar abandonándome a malas actitudes como el orgullo, la frialdad y dureza de corazón, ansiedad y falta de amabilidad. Si veo que estoy yendo por mal camino, la oración del mediodía  me ayuda a rectificar. El problema con esta oración del mediodía es encontrar un tiempo para ella, pues cada día es distinto. Todo lo que necesito es quedarme a solas por unos minutos, pero eso a menudo es imposible, o más veces de las que quisiera, simplemente me olvido. De todos modos, llevo conmigo en la cartera una pequeña guía para la oración del mediodía que puedo usar [en cualquier lugar].

La última forma de oración que hago a diario es orar con mi esposa, Kathy. Unos nueve años atrás, Kathy y yo comentábamos el hecho de que en gran medida y con el transcurso de los años habíamos fallado a la hora de orar juntos. Entonces Kathy me exhortó diciendo: "¿Qué pasaría si nuestro medico nos dijera que tenemos una grave dolencia cardíaca que en el pasado siempre había resultado letal? Sin embargo, ahora existe una píldora que, si la tomásemos cada noche, nos mantendría vivos por muchos años. Si nuestro medico nos dijera eso y le creyésemos, nunca nos olvidaríamos de tomar la píldora. Nunca diríamos, 'oh, no me la he tomado.' Nos la tomaríamos, ¿verdad? Bien, si no oramos juntos cada noche, nos vamos a morir espiritualmente." Ella tenía razón. Y por alguna razón, todo encajó para los dos, y desde entonces no recordamos una sola noche en la que no hayamos orado juntos. Incluso si estamos lejos el uno del otro, siempre hay un teléfono [a mano]. Oramos de forma muy sencilla - solo un par de minutos. Oramos por cualquier cosa que más nos preocupe como pareja, cualquier persona o cualquier cosa que esté en nuestros corazones ese día. Y oramos sobre las necesidades de nuestra familia. Eso es todo. Tan sencillo, pero tan bueno.

No es fácil mantener este régimen, especialmente cuando estoy viajando. Pero cada cierto tiempo aparto un periodo de 40 días en el que me obligo a mí mismo a cumplir cada día cada uno de los tiempos de oración antes mencionados. Esto crea hábitos en la mente y en el corazón que permanecen conmigo de manera que, incluso cuando paso por alguna época de mucho trabajo, encuentro que puedo mantener algo de mis disciplinas y no me enfrío o endurezco en relación a Dios.

Robert Murray M'Cheyne tenía la fama de haberle dicho a los pastores, "lo que vuestra gente necesita más de vosotros es vuestra santidad personal."

* Puedes leer el original (en inglés) aquí