La doctrina es inevitable (Tim Keller)

En su sermón "Doctrina y Vida" en Walking with God: Studies in 1 John (Crossway, 1993), David Martyn Lloyd-Jones habla de la gente a la que no le gustan los énfasis doctrinales o de precisión teológica. [El argumento que suelen utilizar es el siguiente]:

"No estamos interesados... en todas las ideas y escuelas de pensamiento que tratan de explicar con precisión en qué consiste exactamente la expiación llevada a cabo por Cristo. Estas cosas no nos conciernen... mientras vivamos de forma correcta y hagamos buenas obras, eso es lo único que [realmente] importa." (p. 22).

Este punto de vista es, si cabe, mucho más corriente hoy día. Ya sea en iglesias "liberales" o "conservadoras", hay una resistencia a enfatizar sobre doctrina. Suele argumentarse de la siguiente manera: "No somos salvos porque asintamos a una serie de preposiciones, sino por obedecer y confiar en Dios. Lo que [realmente] importa es ser como Cristo." La respuesta de Lloyd-Jones [a este tipo de argumento] es, a mi parecer, demoledora:

"Te guste o no te guste, hablar de este modo es, en sí mismo, hablar desde un punto de vista doctrinal. Hacer afirmaciones de este tipo es, de hecho, tomar partido por una postura o posición doctrinal concreta... la doctrina de las obras y, en un sentido, de la justificación por obras." 'Pero,' replican ellos, 'no nos interesan esos términos como 'justificación por obras. "Pero ya sea que les interese o no este tipo de terminología, eso es exactamente lo que están diciendo... En otras palabras, nos guste o no, no podemos evitar la doctrina... No existe tal cosa como una persona irreligiosa; todo el mundo tiene su religión, si a lo que nos referimos por religión es a esa filosofía o visión última de las cosas por la cual la gente vive." (pp. 22-23).

Así que cuando dices, "a mí la doctrina no me importa, lo que realmente importa es como uno vive," irónicamente lo que haces es promover la doctrina de la justificación por obras. Lo que estás diciendo es que lo que Dios realmente quiere es que vivamos una vida buena. La respuesta puede ser muy parecida cuando alguien dice que en realidad no importa cual sea tu religión, porque todas las religiones se parecen entre sí y uno no tiene porqué limitarse a una doctrina en particular sobre Dios. Pero este tipo de argumento asume que Dios no es santo y que no nos pide cuentas por la manera en la que vivimos. En otras palabras, decir que "nadie tiene por qué ser obligado a tener una determinada visión particular de Dios" es [también] asumir y promover una determinada visión de Dios. Decir "tener una doctrina determinada acerca de Dios no es importante" es, en sí mismo, [articular] una declaración doctrinal acerca de Dios - y por lo tanto ¡sí es importante! Así, Lloyd-Jones concluye: "No basta con decir, 'No nos interesa la doctrina; lo que nos importa es cómo vivimos'; si tu doctrina está equivocada, tu vida también lo estará" [énfasis mío] (p. 23)

Sin embargo, cada vez que Lloyd-Jones habla sobre lo importante que es la doctrina, siempre habla del peligro que también existe de irse al otro extremo. Según él, hay algunos cristianos para los que "no hay nada que les apetezca más que discutir acerca de teología" y lo hacen con un "espíritu partidista" (p. 24). Uno de los signos [característicos] de este grupo es que o bien son secos y teóricos en su predicación o, por el contrario, son cáusticos y demasiado apasionados. De alguna manera, "han perdido la templanza, olvidando que de esta manera lo que hacen es negar la misma doctrina que, en principio, afirmaban creer" (p. 24). En pocas palabras, aquellos ministros de la Palabra que llegan a este extremo destruyen la efectividad de su predicación. ¿Cuál es la causa de que esto ocurra? La respuesta de Lloyd-Jones es que han llegado a hacer de la precisión doctrinal un fin en sí mismo, en lugar de un medio para honrar a Dios y crecer en conformidad a Cristo. "La doctrina nunca debe ser considerada un fin en sí misma. La Escritura nunca debería divorciarse de la vida" (p. 25).

Si mantenemos este equilibrio, recibiremos crítica. En otro sermón, Lloyd-Jones hace una extraña observación acerca  de su propia reputación. El oyente promedio del Reino Unido consideraba a Lloyd-Jones muy doctrinal y ortodoxo [conservador], pero muchos en las iglesia conservadoras pensaban que ponía demasiado énfasis en la experiencia humana. A [todo] ello Lloyd-Jones respondía:

"Me parece que tenemos derecho a estar contentos con nosotros mismos, en la medida que somos criticados desde las dos partes... En lo que a mí respecta, siempre y cuando sea acusado por cierta gente de ser nada más que un Pentecostal y, por otro lado, ser acusado por otros de ser un intelectual, un hombre que siempre predica doctrina; no me preocuparé si las crítica que recibo es por las dos cosas. Pero si un día alguna dejo de recibir alguna de las dos críticas, entonces será momento de empezar a ser cuidadoso y a examinar los mismos fundamentos." (Tomado de "Test the Spirits" in The Love of God: Studies in 1 John, Crossway, 1993, p. 18.)

El Dr. Lloyd-Jones tenía una visión que se adelantaba a su propio tiempo. Su intuición y sentido del equilibrio nunca han sido más necesarios que hoy día.

* Puedes leer artículo original (en inglés) aquí