Lloyd-Jones y el carácter permanente de la predicación (Tim Keller)

En los días de D.M. Lloyd-Jones muchas voces decían que la vieja manera de predicar era demasiado [en la forma de] un monólogo, en la que sólo se transmitía información, [de  carácter] inspiracional y autoritativa. La acusación continúa siendo la misma hoy. Pero, los críticos de hoy no sólo tienen en mente a la vieja y tradicional forma de predicación expositiva (piensa en James Boice y Charles Stanley), sino también a la nueva, inspiracional y práctica manera [de plantear la predicación] de las iglesia-espectáculo que buscan atraer a quienes [en esta sociedad todavía] buscan a Dios.

La gente postmoderna, argumentan, es  profundamente escéptica ante el [concepto de] autoridad y de quienes se te acercan como para venderte algo. La predicación que pretenda llegar al hombre y a la mujer posmodernos, apenas será reconocible como “predicación.” Será una conversación tranquila, sincera, un diálogo en lugar de un monólogo autoritativo. Usará mucho más la metáfora y la narrativa que la lógica. No será intensa, carismática o explosiva.   También [podemos decir] que tratará mucho más acerca de cómo vivir como un seguidor de Jesús en el mundo, de acuerdo al Reino de Dios, que sobre [ciertas] proposiciones doctrinales y espirituales que deben ser creídas.  Por supuesto, se centrará en las Escrituras, pero la credibilidad del comunicador no descansará de por sí sobre lo experto que sea su conocimiento de la Biblia, sino en su experiencia personal de cómo el texto ha moldeado su vida. La predicación será también sólo una parte más de toda la liturgia, no el centro de la misma. (Como ejemplo de lo que se propone para este tipo de predicación ver "Preaching in the Missional Church" de Ervin Stutzman.)

Es curioso ver lo parecidas que son las nuevas objeciones a las que también se hacían en relación a la predicación (ver Parte 1) que ya fueron situadas en el mapa por el Doctor en sus conferencias de 1969 en Westminster Seminary y publicadas en el libro El predicador y los predicadores.  Lloyd-Jones creía que en general las objeciones no eran correctas, que la exposición de la Palabra de Dios a la asamblea es una característica permanente del ministerio bíblico. No es algo que pueda ser descartado cuando cambian los tiempos. Debe continuar siendo tan central en el ministerio de la iglesia en la actualidad como lo ha sido en el pasado. Su crítica de todas estas objeciones a la primacía de la predicación es aguda y, en mi opinión, convincente. Pero antes de pasar a la crítica en sí, una palabra de advertencia.

Al volver a releer su libro, me di cuenta de que bajo ningún concepto sus puntos de vista ganaron la batalla. Las objeciones a la predicación clásica han sido asumidas por una gran mayoría y la gente mira de encontrar alternativas. Creo que la mayoría de líderes jóvenes que leyeran hoy su libro encontrarían que no tiene demasiado que ver con ninguno de los otros muchos libros que hayan podido leer sobre predicación. Aún así aquí estoy, después de veinte años en Nueva York, una ciudad posmoderna por definición, habiendo sido profundamente influenciado por las definiciones y prescripciones del Doctor sobre la predicación, y ha resultado en mucho fruto. De manera que si este consejo ha sido tan efectivo en plena ciudad de Nueva York, ¿por qué hay tan poca gente siguiéndolo? ¿Por qué hay tanta gente yendo en una dirección distinta en cuanto a la predicación? ¿Por qué no hay más gente escuchando [el consejo de Lloyd-Jones]?

Si vas más allá de estas entradas y lees el libro del Doctor —como espero que hagas—enseguida verás una de las razones por las que posiblemente la gente no ha seguido su consejo. El Dr. Lloyd-Jones hace una gran cantidad de afirmaciones dogmáticas sobre prácticas muy específicas. Él creía firmemente que el pulpito debe estar físicamente por encima de los oyentes, que el ministro debe vestir con túnica, que no debe hacer ninguna referencia personal a sí mismo ni hacer [comentarios humorosos]. Él creía que el predicador no debe anunciar el texto y los temas con antelación. (Hasta ese punto “odiaba” alimentar el interés personal y las supuestas necesidades que la gente pudiera tener). Él pensaba que era deplorable planificar con meses de antelación con exactitud los textos y temas a tratar (porque así no se daba suficiente lugar a la guía del Espíritu).   También se oponía a grabar sus sermones (aunque finalmente acabó cediendo a regañadientes). Creía que las grandes reuniones en la que se predicaba (domingos mañana y tarde, y viernes por la noche) realmente eran suficientes para llevar a cabo todo el “peso” del ministerio de la iglesia. No le gustaban los pequeños grupos [“células”] y no contemplaba muchas otras maneras en las que la iglesia pudiera congregarse como comunidad o para el discipulado y la instrucción. Al final su iglesia acabó siendo una iglesia que dependía demasiado de la predicación y después de su jubilación la iglesia experimentó una crisis.  

He llegado a la conclusión de que la tesis fundamental de  Lloyd-Jones acerca de la predicación no ha sido seguida ni en el Reino Unido ni en los Estados Unidos, mayoritariamente, debido a su dogmatismo y sus particularidades. También es verdad que muchos de sus seguidores parecen no haber sabido cómo separar tanto el método como los gustos particulares del Doctor de las líneas generales de su argumento. Yo creo que ese argumento es válido y tiene una importancia vital para nuestros tiempos. Es sobre ese argumento que trataré en la siguiente entrada.   

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* Puedes leer el artículo original (en inglés) aquí