Lloyd-Jones y el problema de la predicación (Tim Keller)

Recientemente, me pidieron que escribiese un breve ensayo sobre el libro de D.M. Lloyd-Jones  La predicación y los predicadores que será reeditado por Zondervan en 2012. Esto me dio la oportunidad de releer el libro y descubrir que he sido más ayudado y moldeado por él de lo que me pensaba. Mucho de lo que he descubierto no encajaría en el ensayo, así que decidí compartir un poco de ello en algunas entradas de blog. 

La primera cosa que me impactó fue cómo este viejo ministro gales de casi 70 años (llamado por sus seguidores “el Doctor”),  a pesar de haber dado esas conferencias en 1969, pudo anticiparse y tratar muchas de las cuestiones que tienen que ver con la predicación y con las que nosotros estamos luchando en nuestra propia cultura hoy. Durante los años después de la Segunda Guerra mundial, en Gran Bretaña había un creciente sentir en contra de la vieja idea [que defendía] la “primacía” de la predicación. En otro tiempo [la predicación] había sido considerada como la cosa más importante que un ministro de la iglesia hacía. Sin embargo, hacia mediados de los años 60, había muchos en el Reino Unido que argumentaban que la era del pulpito había llegado a su fin y que otras cosas debían desplazarlo porque la predicación—y sobre todo la predicación tradicional—ya no era la manera más efectiva para que la iglesia llegue a la gente.  

En sus primeras conferencias, el Doctor describe todas las razones y argumentos que explican esa [profunda] desafección por la predicación. La Segunda Guerra mundial dio a los europeos [motivos suficientes como para sospechar de] los grandes oradores (sólo basta con pensar en Hitler). A medida que fue pasando el tiempo, había cada vez más sospecha hacia las palabras y los “textos”. Cada vez se confiaba menos en que el lenguaje pudiera comunicar algún significado [real]. También la televisión y la radio alteraron la capacidad de atención de la gente y crearon un apetito por la charla de tipo informal, en lugar del sermón o el discurso cargado de oratoria. En una cultura post-cristiana, había también un creciente sentimiento de sospecha hacia toda autoridad, especialmente la autoridad religiosa. La pregunta que entonces la gente se hacía era, ¿cómo puedes esperar que gente moderna vengan a escuchar a alguien, normalmente de pie por encima de todo el mundo, haciendo un monólogo sin que exista la posibilidad de responder o de argumentar? Sin duda, ninguno de ellos vendría por sí mismo, y alguna vez fuesen arrastrados allí se aburrirían o se ofenderían por tanto dogmatismo. 

A continuación, Lloyd-Jones se dedica a enumerar varias de las propuestas que se supone la iglesia debe hacer. Algunos de los que habían perdido la fe en la predicación miraban de cambiarla. Se volvió en algo marcado por el espectáculo—más énfasis en historias, en apelar directamente a las emociones y en recrear un show. (Lloyd-Jones identificó a Henry Ward Beecher de Brooklyn como el prototipo de esta nueva manera de entender la predicación). Otros insistieron en que la predicación debía ser reemplazada o al menos fuertemente complementada con “los nuevos medios” (que en tiempos de Lloyd-Jones eran la televisión y la radio).  Había también quienes proponían que la predicación no debería ser tan central en la reunión de alabanza—que la liturgia y la expresión artística debía tomar un lugar más prominente. También se criticaba que las Iglesias se habían convertido más en centros de predicación que en comunidades y que, por lo tanto, era necesario hacer más énfasis en el servicio social a la comunidad y en la consejería.  Por último, el Doctor decía que había quienes enseñaban que la única esperanza para [la supervivencia de] las Iglesias era abandonar su forma presente. Decían que los cristianos debían dispersarse, entregándose por entero a server a la comunidad, resolviendo o al menos estando involucrados en los problemas personales y sociales de la gente. Entonces, al juntarse para sus reuniones, debían hacerlo como grupos pequeños y lo que les caracterizase fuese el diálogo y la conversación [enriquecida] por una pluralidad de voces. 

Lo que realmente impacta de esa discusión que tuvo lugar en el Reino Unido hace 40 o 50 años, es algo que viene ocurriendo en los Estados Unidos durante más o menos los últimos 10 años. En los días de Lloyd-Jones el discurso era que “la predicación no funcionará con el hombre y la mujer modernos” y hoy este mismo discurso se aplica al hombre y a la mujer postmodernos. En su día la acusación era que la predicación tenía que ponerse al día en la era de la televisión, y hoy el imperativo es  a adaptarse a la era de internet. Pero prácticamente todas las propuestas sobre cómo la predicación debe llevar a cabo esa adaptación son básicamente las mismas [entonces, como ahora]. Por lo tanto, la respuesta y la crítica que hace el Doctor de ellas es muy relevante. Le echaremos un vistazo en la próxima entrada.

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Puedes leer el artículo original (en inglés) aquí