Lloyd-Jones y la primacía de la predicación (Tim Keller)

Vamos a repasar las respuestas que Lloyd-Jones articuló frente las objeciones que en su día se hacían sobre la importancia de la predicación.

El Doctor nos recuerda cómo en el capítulo 6 de Hechos la iglesia encaró la crisis sobre la ayuda ofrecida a las viudas. El ministerio social para cubrir las necesidades de los más pobres en la comunidad era realmente importante y necesario. Pero es necesario que consideremos por qué razón los apóstoles dejaron el asunto en manos de otros líderes [escogidos precisamente para hacer frente a esa situación]. Lo hicieron para así poder dedicarse “a la oración y al ministerio de la Palabra” (Hechos 6:4). Esto era la cosa más importante, y era a lo que los apóstoles, líderes por excelencia de la iglesia, tenían que dedicarse [principalmente]. El Doctor señala [también] al ministerio de Jesús, especialmente en aquellos momentos en los que, presionado para que hiciera más Milagros, respondía que a lo que había venido principalmente era a predicar (por ejemplo, Marcos 1:38).  Los milagros de Jesús fueron maravillosos –ayudaron a quienes estaban enfermos y sufrían- pero aún así, lo que reconciliaba a la gente con Dios era creer en el mensaje y en la obra de Jesús.

El Doctor no escatima esfuerzos en su argumento. Es bueno que la iglesia ayude a la gente a suplir sus necesidades y [cuando se encuentran] en medio del sufrimiento –a través del servicio social y la consejería- pero aquello que la iglesia puede hacer de una forma única en el mundo es reconciliar a la gente con Dios a través del evangelio. Para ello es necesario usar palabras, un mensaje, explicar, exhortar, y no [limitarse] sólo a hacer buenas obras. Lloyd-Jones nos recuerda que fue sólo después de los periodos de avivamiento ocurridos en el Reino Unido –en los que millones de personas conocían el evangelio- cuando empezaron a proliferar hospitales, sindicatos laborales y [se empezó a redactar] una legislación social. La obligación primera de la iglesia es predicar el mensaje de gracia que motiva y capacita a la gente para que sea sal y luz en el mundo.

El Doctor Lloyd-Jones [también] desmonta de forma efectiva la idea de que ver un video o escuchar la grabación de un sermón es tan válido como asistir físicamente a una reunión y escuchar un sermón junto con el resto de la congregación. Obviamente, es bueno que una persona que nunca escucha o lee la Biblia, pueda hacerlo gracias a la grabación de un buen mensaje del evangelio y que, además, se beneficia de ello. Pero la gente, según argumenta el Doctor, experimenta el sermón de una forma totalmente distinta si lo escuchan junto con otros y pueden ver al predicador. Mirar a una pantalla o escuchar mientras caminas te desconecta y el sermón se convierte [entonces] en simple información, en lugar de ser una experiencia íntegra. Hay un poder e impacto que el canal mediático no puede transmitir.

El Doctor analiza la idea de que la predicación no debe ser [sólo la formulación de ciertas proposiciones o la declaración de determinadas verdades] de doctrina bíblica, sino más bien describir de forma práctica la manera en que debemos vivir en el mundo como seguidores de Cristo. El problema con este planteamiento, dice Lloyd-Jones, es que puedes estar predicando moralismo y ética sin el evangelio como base –y eso, simplemente, no funcionará. Si le dices a alguien que “viva una vida de servicio a los demás de acuerdo a los valores del reino de Dios” eso no le va cambiar en esencia.  Escuchar un mensaje como ese no le va a llevar a quebrantarse y a proclamar,  "cayeron mis cadenas, mi corazón fue librado; me levanté, di un paso al frente y te seguí.” (1)   El mensaje del evangelio tiene un efecto transformador y provoca tal cambio de paradigmas en la vida, que requiere de mucha enseñanza acerca de la naturaleza del pecado, así como también del carácter de la redención de Cristo y la diferencia que hay entre la gracia y las obras, y la naturaleza de la fe.  Todas estas cosas son [tal y como antes mencionábamos] “la formulación de ciertas proposiciones o la declaración de una determinada verdad.”

Paradójicamente, señala de una forma especial Lloyd-Jones, el predicador tendrá más credibilidad si no predica principalmente en base a su propia experiencia, sino que trata de demostrar que el mensaje proviene de la misma Palabra. En lugar de decir “ésta es mi experiencia y ésta es la manera en la que la Biblia ha jugado un papel en ella,” el predicador debería decir, “esto es lo que la Biblia dice, y aún cuando todo ello pueda contradecir a mis deseos y a mi intuición [natural], os lo muestro porque este mensaje viene de Dios, no de mí mismo.”

Todo esto es el argumento básico del Doctor a favor de la primacía de la predicación. La predicación debe comunicar la verdad del evangelio como fundamento de cualquier aspecto práctico [de la vida cristiana]. Debe surgir del texto bíblico para demostrar que el mensaje es de Dios. Debe ser escuchado en vivo y en directo en el contexto de la iglesia reunida como una comunidad en asamblea. Y por último, la predicación es el motor que pone en marcha todo lo demás –creando [un ejército de hombres y mujeres como] agentes regenerados [que actúan a favor de la] justicia en el mundo; y esa misma predicación provee de material con el que los cristianos se pueden aconsejar y discipular unos a otros y los capacita para compartir su fe con otros.

Pero, Lloyd-Jones todavía tiene que responder a una última objeción, y es la más grande de todas. Es una objeción de carácter pragmático, y su enunciado sería más o menos el siguiente: “hoy en día la gente simplemente no va a venir a que les prediquen.” En la próxima entrada veremos cuál es su respuesta.

_______________

* Puedes leer el artículo orginal (en inglés) aquí.