Hablar con desprecio

[Traducido del original en inglés.]

24 de mayo de 2011. Tim Keller

Siempre me han parecido fuertes las palabras de Jesús en Mateo 5:21-11. Él comienza recordándoles a sus oyentes que todo el que mate será juzgado. Pero luego les da tres casos de estudios de acción que parecen ser mucho menos serios que el homicidio. “Pero yo les digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio; y cualquiera que diga ‘Raca’ a su hermano será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: ‘Fatuo’ quedará expuesto al infierno de fuego.”  Estar enojado y amargado contra alguien en tu corazón puede llevarte a un gran mal, de modo que tiene sentido. Pero el término “raca” significa meramente algo así como “cabeza de chorlito” y la palabra que se traduce como “fatuo” tampoco parece un insulto tajante. Los oyentes de Jesús probablemente hayan sonreído cuando escucharon esos términos ¡y estarían más confundidos todavía cuando terminó la oración amenazándolos con el infierno! ¿A dónde quería llegar Jesús? “La deliberada paradoja del pronunciamiento de Jesús es que los insultos comunes y corrientes pueden esconder una actitud de desprecio, algo que Dios toma muy en serio.” (R.T. France, The Gospel of Matthew [El evangelio de Mateo], p.201)

Este pasaje me ayuda a entender mejor Números 20. Al igual que en Éxodo 17, los hijos de Israel están en el desierto enfrentando una sed ardiente. Le echan la culpa a Moisés de ser, en el peor de los casos, malvado, o en el mejor de ellos, un líder incompetente. Otra vez, Dios le dice a Moisés que vaya a “esa roca”. Esta vez, sin embargo, le dice que le hable y de la roca brotaría suficiente agua para todo el mundo (vs. 8). Moisés reúne a todos ante la roca, pero en vez de hablarle, le habla furiosamente al pueblo. “¡Oid ahora, rebeldes! ¿Les hemos de hacer salir aguas de esta peña [otra vez]?” Golpeando la roca con su vara en toda su furia, el agua comienza a brotar. Dios, no obstante, le dice a Moisés que no entraría a la Tierra Prometida, porque “no creíste en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel” (vs. 12).

¿Qué fue lo que Moisés hizo mal? Es claro que no siguió bien las instrucciones. Golpeó la roca en vez de hablarle, y eso es desobediencia. No obstante, la reprensión de Dios va más profundo. Al llamarlos “rebeldes”, Moisés se erigió en juez. Al decir “¿les sacaremos agua?”, se puso en lugar de su libertador. Todo lo que Moisés hizo desvió la atención de Dios.

No es difícil entender el porqué. El liderazgo trae consigo una fuerte carga de crítica y malos entendidos, aun cuando las cosas estén yendo bien. Cuando las cosas van mal, la gente saca a luz su frustración y enojo contra los que están a cargo. Un pastor recién ordenado una vez me dijo: “Yo no sabía que, una vez que te conviertes en líder, ¡siempre hay alguien enojado contigo!”

Esto le da sentido a la reacción de Moisés. “Su reacción no es solo el golpe a la roca, sino la respuesta de un hombre que bajo presión se ha vuelto amargado y pretencioso” (D. Carson, For  the Love of God [Por el amor de Dios], vol. 1, lectura para el 11 de mayo). Dios estaba listo para mostrar su gracia, pero Moisés no estaba de humor para eso. La crítica despiadada lo había tornado justiciero. Él los despreciaba. Tenía ira pero no compasión, y esa es la marca de un hombre que está volviéndose menos como Dios, no más (ver Isaías 15-16 donde Dios se lamenta aun cuando pronuncia un juicio). Moisés es un hombre que ha olvidado la gracia, y la señal es un espíritu santulón junto con palabras de denuncia sin humildad ni compasión.

El liderazgo siempre incluye conflicto. La famosa carta de John Newton sobre la “controversia” observa qué tan fácil es para la crítica gestar fariseos. “Cualquier cosa que nos haga confiar en nosotros como comparativamente buenos o sabios, como para tratar con desprecio al que no adhiere a nuestras doctrinas o sigue nuestro partido, es una prueba y un fruto de un espíritu justiciero.” 

Todos los líderes, y en especial los líderes cristianos, deben estar a la defensiva de esta tentación inevitable y pecado terrible. Es natural, cuando estamos bajo la crítica, proteger nuestros corazones del dolor minimizando a los críticos en nuestra mente. “Ustedes son unos estúpidos.” Aun si no les hablas en voz audible como hizo Moisés, lo haces para tus adentros. Eso te lleva al ensimismamiento, autocompasión, incluso a delirios de grandeza, pero el mayor pecado es que el crecimiento del desprecio interior conduce al orgullo y a la pérdida de la dependencia humilde de la gracia de Dios. Moisés trató a Dios con desprecio cuando se volvió arrogante contra su pueblo.

Este es el desafío de los líderes. ¿Hay alguna esperanza para nosotros? Sí la hay, porque estás en una mejor posición que Moisés para comprender la gracia de Dios. Don Carson escribe: “A la luz de 1 Corintios 10:4, que nos muestra a Cristo como el anti-tipo de la roca, es difícil resistir la conclusión de que la razón por la que Dios insistió en que la roca fuera golpeada en Éxodo 17:1-7, y lo prohíbe en esta ocasión, es que Él percibe una maravillosa oportunidad de mostrar un punto importante: la gran Roca, de la cual fluyen los ríos de agua viva, es golpeada solo una vez y nada más”.