Generosidad y Justicia (Tim Keller)

Este mes saldrá al mercado un nuevo libro que he escrito bajo el título Generous Justice[todavía no hay fecha prevista para la edición en castellano]. Mucha gente me ha preguntado porqué lo he escrito, y otros me han preguntado acerca del título en sí. Mis respuestas a estas dos preguntas van juntas. 

Espero que entre quienes lean el libro se encuentren esos jóvenes que expresan un apasionado interés por la justicia social. El voluntariado es una marca distintiva de toda una generación en América [como también lo es en Europa] de quienes actualmente están estudiando o se han graduado recientemente de la Universidad. La revista The NonProfit Times informaba que los adolescentes y los jóvenes están creando una subida enorme de las solicitudes para programas de voluntariado. Siendo un Baby Boomer [generación de americanos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial] me resulta interesante constatar que los niveles de voluntariado eran elevados en los años 70, pero cayeron hasta la última mitad de la década pasada cuando empezaron a subir otra vez. Por supuesto, me parece una tendencia excelente. 

Sin embargo, mucha gente no sólo se ha empapado de este sentimiento cultural en favor de los derechos y de la justicia, sino que también [se ha empapado] del consumismo que desprecia la autonegación y [cualquier idea que sugiera] la demora de una gratificación inmediata. Aún cuando estén dando algo de su tiempo, [la gente] gasta una gran cantidad de dinero en entretenimiento, apariencia, aparatos electronicos y viajes. De modo que para un gran número de personas, el voluntariado forma parte de su portafolios particular de actividades que enriquecen la vida, pero no es una característica de toda una vida moldeada por el compromiso de hacer justicia que incluya en ello una generosidad radical con la economía propia. 

Una de las cosas que más me impactó mientras estudiaba la enseñanza bíblica sobre la justicia fue la cantidad de veces que la generosidad económica es considerada en sí como una parte propia de hacer justicia. Job dice, "Si he comido mi bocado solo, y el huérfano no ha comido de él… si he visto… sin abrigo al necesitado, sis us lomos no han expresado gratitud, pues no se ha calentado con el vellón de mis ovejas… eso también hubiera sido iniquidad que merecía juicio, porque habría negado al Dios de lo alto" (Job 31:13-28).

Muchos creen que "justicia" es simplemente castigar la maldad, y punto. No es que piensen que debamos ser indiferentes a los pobres, pero cuando ayudamos al pobre se refieren a eso como caridad, no justicia. Sin embargo Job dice que si no comparte su comida o sus bienes con el necesitado, sería igual que pecar contra Dios y, por definición, una violación de la justicia de Dios. Por supuesto, podemos referirnos a este tipo de ayuda como misericordia o caridad, porque debe estar motivada por un sentimiento de compassion; pero no vivir un estilo de vida de generosidad radical es, en términos bíblicos, injusto. 

Nuestra cultura nos lanza un mensaje mixto. Por un lado nos dice: gana mucho dinero y gastalo en ti mismo; construye tu [propia] identidad en base al tipo de ropa con la que te vistes y los lugares a los que viajas o vives. Pero también nos anima al voluntariado, a preocuparnos por la justicia social, porque lo que no queremos es ser personas totalmente egoístas. Sin embargo, la actitud cristiana en relación a nuestro tiempo y nuestro dinero no debería ser moldeada por [los valores de] la sociedad; sino por el evangelio de Cristo, quien se hizo pobre para que nosotros pudiéramos llegar a ser ricos (2 Corintios 8:9). 

El principal tema de mi libro es que el evangelio de gracia hará de cualquiera que crea en él una persona que hace justicia a los necesitados. Hacer justicia incluye no sólo corregir lo que está mal, sino también tener una disposición generosa y tener inquietud social, así como también estar dispuesto a vivir un estílo de vida más modesto con tal de ser más generoso con la iglesia y con los pobres. Este tipo de vida refleja el carácter de Dios (Deuteronomio 10:17-18, Salmo 146:7-9). Tenemos los recursos bíblicos y espirituales para vencer la superficialidad de nuestra cultura y así llegar a ser lo que estamos llamados a ser como descendientes espirituales de Abraham – una bendición real para nuestra ciudad y para el pobre (Génesis 12:1-3; Gálatas 3:7).